2019-08-21 02:44:44
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  • El fin de la tregua comercial

    ¿Será también el fin del ciclo?

    Habrá acuerdo. Por defecto. ¿Antes o después de una recesión global?

    Beijing prueba el temple de Trump (primero lo mandó a Kim) sabiendo que una debacle de Wall Street derretirá su bravura.

    Cuando un país `pierde` miles de millones de dólares en el intercambio -cuando, como pasa con los Estados Unidos, sus cuentas externas registran un déficit sostenido- `las guerras comerciales son buenas y son fáciles de ganar`, sentenció el presidente Donald Trump en marzo de 2018, antes de emprender su cruzada de mayores aranceles. China se permite discrepar. Se sienta a la mesa, promete, acuerda de palabra, pero retacea las facilidades. Aprovecha el tiempo para fortalecer sus flancos vulnerables. Se reserva el derecho a cambiar de opinión, y lo ejerce. Así enfureció a Trump, y así terminó la tregua forjada en Buenos Aires en diciembre. Nada se cerró hasta que no se cierre toda la negociación. Y Trump no tiene remate. El Obamacare rige, no fue repelido ni reemplazado; el gran muro mexicano es el cerco discontinuo de antaño (que los vecinos no van a pagar); el NAFTA continúa porque el tratado sustituto no tiene visos de aprobación en el Congreso. ¿Qué acordó Trump con Corea del Norte? La desnuclearización, ¿se cumple? Kim Jong-un hoy arroja misiles; el presidente lo tolera sin sanciones. Beijing tomó nota. La agenda de Washington es un mar de cabos sueltos. Entonces, ¿será capaz Trump de cerrar un acuerdo de comercio con China? Hay que pensar que sí. Se puede convivir con el Obamacare, el NAFTA y el eje del mal sin notarlo. No se puede paralizar el comercio -y multiplicar la incertidumbre- y vivir como si nada. `Es un momento delicado para el mundo`, dijo Christine Lagarde. Es más que eso: es muy delicado para los dos actores -EE.UU. y China- que deciden. Peor aún para sus líderes, Trump y Xi Jinping, de cara a las exigencias de la política interna. Habrá acuerdo, pues. Por defecto. ¿Cuándo? Eso es lo impredecible. ¿Antes o después de una recesión global? La Bolsa anticipa, ¿será antes que las acciones se hundan en un mercado bear? Beijing prueba el temple de Trump (primero lo mandó a Kim) sabiendo que una debacle de Wall Street derretirá su bravura. China ya tuvo su bear market, y si no confiara en sobrellevar una segunda recaída, no tensaría la cuerda con su renegociación de último minuto. ¿Se necesitará llegar a tanto? ¿O es la vuelta de tuerca final? La que nos enseña que la disputa fue a cara de perro, sin concesiones ni dejar migajas sobre la mesa. Y que sólo dos gigantes podían conducir a buen puerto.

    Trump disparó un ultimátum, China no reculó, y se ejecutó. La tercera ola de aranceles eleva los derechos que pagan 200 mil millones de dólares de importaciones del 10% al 25%. Twitter es el canal que transmite la guerra antes de que se produzca y allí Trump prevalece: festeja que los aranceles engrosarán las arcas del Tesoro en 100 mil millones de dólares, que con una parte se les comprará a los agricultores el grano que China no, y sobrará dinero para la infraestructura, la salud y otros quehaceres, y así la economía despegará. Suena bueno y fácil como prometió, lástima que la plata provenga, mayoritariamente, del consumidor de los EE.UU. La educación económica del presidente costará una fortuna.

    ¿Qué cabe esperar? La represalia china, por supuesto. Que las negociaciones continúen. Son el desfibrilador por si el mundo sufre un ACV. Bastó que Trump lo confirmara para que el Dow recuperase 450 puntos el viernes, y cerrara en verde. El fin de la tregua hundió a la Bolsa 2,2% desde los máximos, todavía lejos del umbral de 10% de una corrección. ¿Cuán efímero será el impasse? De prolongarse, la corrección es inexorable. Trump promete gravar todas las importaciones chinas, más o menos en un mes, y propinará otro golpe. La economía se va a resentir (el volumen del comercio internacional cayó en febrero, último dato disponible), avisa la curva de bonos. Quizás Trump algo sabía cuando redobló la presión sobre la Fed de Powell por una baja de tasas. Con una recesión en puerta habrá recorte pero, así, ¿quién garantiza su eficacia? Son muchos interrogantes. Como los tiempos son clave, el alto umbral de tolerancia no es una buena noticia. Si lo que se precisa es una definición, entonces, cuanto peor, mejor.

    EN BUENOS AIRES. En diciembre -el marco fue el G-20- fue la última vez que Trump y Xi Jinping estuvieron frente a frente. Compartieron una comida con sus delegaciones en el Palacio Duhau.

     

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